Descubren en España el primer ejemplar del dinosaurio Diplodocus fuera de Norteamérica: ¿qué significa el hallazgo?


Durante más de un siglo, todos los fósiles atribuidos al género Diplodocus de dinosaurios procedían de Norteamérica. Esa certeza acaba de cambiar: paleontólogos españoles identificaron en Teruel los restos del primer diplodocus conocido fuera de ese continente, un animal de unos 25 metros de largo que vivió hace aproximadamente 150 millones de años.
El ejemplar apareció en el yacimiento de La Tejería, en el municipio de El Castellar, en el este de España. Los investigadores recuperaron 14 vértebras de la zona media y posterior de la cola, además de varios chevrones o arcos hemales, unos huesos que se encontraban debajo de las vértebras. Los restos estaban excepcionalmente bien conservados.
El estudio fue realizado por paleontólogos de la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis y publicado en la revista científica Journal of Vertebrate Paleontology. Tras comparar la anatomía de los huesos y realizar análisis de parentesco evolutivo, el equipo concluyó que pertenecían al género Diplodocus. El ejemplar fue clasificado como Diplodocus sp., es decir, todavía no fue asignado a una especie concreta.
Hasta ahora, los fósiles de estos dinosaurios se habían encontrado en la Formación Morrison, una extensa formación geológica del oeste de Estados Unidos famosa por sus dinosaurios del Jurásico Superior. Allí aparecieron también restos de animales como Stegosaurus, Allosaurus y otros grandes saurópodos.
“El descubrimiento fue emocionante”, explicó Sergio Sánchez Fenollosa, primer autor de la investigación, según declaró a El País. El especialista recordó que inicialmente observaron semejanzas entre las vértebras españolas y las de distintos diplodócinos. Las sucesivas comparaciones anatómicas y los análisis evolutivos terminaron llevando al mismo resultado: “estábamos ante un diplodocus”.
La importancia del descubrimiento va mucho más allá de ampliar el mapa del Diplodocus. Según Sánchez Fenollosa, los fósiles constituyen una de las evidencias paleontológicas más sólidas de que existieron episodios de dispersión e intercambio de fauna entre Europa y Norteamérica durante el Jurásico Superior.
Hace 150 millones de años, el océano Atlántico todavía estaba en formación y la disposición de los continentes era muy diferente de la actual. Los investigadores creen que descensos temporales del nivel del mar pudieron generar conexiones terrestres o cadenas de islas que facilitaron el desplazamiento de algunos dinosaurios entre ambos territorios. La aparición de un Diplodocus en España refuerza esa hipótesis.
Alberto Cobos, director gerente de la Fundación Dinópolis y coautor del estudio, estimó que el ejemplar de El Castellar alcanzaba aproximadamente 25 metros de longitud. Sus restos se encuentran actualmente expuestos en el Museo Aragonés de Paleontología, en Dinópolis, junto con fósiles de otros enormes saurópodos encontrados en Teruel.
Los diplodocus pertenecían al grupo de los saurópodos, gigantescos dinosaurios herbívoros que caminaban sobre cuatro patas y se caracterizaban por tener un cuello muy largo, una cabeza proporcionalmente pequeña y una cola extraordinariamente extensa. Vivieron durante el Jurásico Superior, hace aproximadamente entre 152 y 145 millones de años.
Eran además animales enormes pero relativamente esbeltos en comparación con otros saurópodos. El Museo de Historia Natural de Londres calcula para Diplodocus carnegii una longitud de entre 24 y 26 metros y un peso de hasta unas 15 toneladas. Su cola, larga y delgada, terminaba de manera similar a un látigo y representaba una gran parte de la longitud total del cuerpo.
Su alimentación era exclusivamente vegetal. Tenían dientes estrechos concentrados principalmente en la parte delantera de la boca, adecuados para arrancar hojas y vegetación antes que para masticarlas. Su larguísimo cuello les permitía alcanzar una amplia superficie de plantas sin necesidad de desplazar constantemente su enorme cuerpo.
Fuente: www.clarin.com

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